Lectura: “«Y ustedes…», les preguntó, «¿quién dicen que soy?». Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo»”. (Mt 16, 15-17)
Meditación:
Está bien que nos ocupemos de la formación, a través del estudio y el análisis crítico. Pero no podemos olvidar lo que nos comunica el Padre en lo más íntimo del corazón; lo que procede del Espíritu es la Palabra más importante, pues se trata de nuestra comunión íntima con Dios.
En forma constante el Espíritu nos regala mociones interiores, que con frecuencia las ignoramos o no las reconocemos. Esta comunicación es vital, pues nos hace saber y sentir que somos amados, elegidos, llamados, hijos del Padre; que nos da a conocer a Cristo, que es nuestro hermano y nos ama hasta el extremo.
Esta vivencia no se queda en lo intelectual, configura nuestro corazón, nos lleva a vivir la alegría espiritual, da sentido a nuestra vida; nos da el impulso para vivir en comunión y comunicarlo a los demás, queremos que todos gusten este gozo interior.
Oración: Señor, gracias porque me comunicas los secretos de tu Corazón.
Contemplación:
Tengo exceso de información, me dejo llevar por la noticia superficial, pasajera…
«Yo te llamo, quiero tu amistad… te doy mi Alegría».
Quiero vivir para Ti y escuchar tu Voz…
Acción: Dejar resonar la Palabra de Dios en el corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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