Lectura: “Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos»”. (Mt 19, 13-14)
Meditación:
A Dios no podemos acercarnos con prepotencia; pues escucha a los humildes y sencillos. Por esto, Jesús propone a los niños como ejemplo para entrar en el Reino de los cielos. Es necesario imitar su candidez en lo más profundo de su corazón, su alegría en el momento presente, su confianza absoluta en sus padres, su mirada limpia, su insistencia para pedir cuando necesitan algo…
Los discípulos pensaban que Jesús sólo quería hablar con la gente preparada académicamente, que conociese la escritura o que tuviesen recursos… Pero no, Jesús busca a los pobres de espíritu que todo lo esperan de Dios, a las personas que cultivan la bondad en su corazón, a los pecadores que quieren conversión…
En el Reino de Dios, no hay categorías, ni jerarquías, no se necesitan protocolos para la oración… Jesús nos escucha siempre, a todos, nos mira compasivamente y nos lleva en su Corazón, nos infunde su amor.
Oración: Señor, dame un corazón sencillo, abierto a tu mirada.
Contemplación:
Siento que me hablas en lo más íntimo de mi corazón, que eres cercano y estás en mí.
«Yo te escucho y te sostengo, confía».
Quiero vivir en tu Amistad y ser tu testigo.
Acción: Vivir la alegría de saberme amado.
Hno. Javier Lázaro sc.
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