Lectura: “Al recibir el denario, protestaban contra el propietario, diciendo: «Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada». El propietario respondió a uno de ellos: ««Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?»”. (Mt 20, 11-13)
Meditación:
El Reino de Dios es Cristo, que se desposa con su Iglesia, con cada uno de los bautizados. El Padre, nos reúne en fiesta, como familia cristiana, para llevarnos al Banquete Celestial. Aunque somos pecadores, el Espíritu Santo nos ha lavado y nos ha infundido el traje de fiesta que es la caridad, el deseo de bien espiritual para todos.
El Rey entra a la fiesta, está entre nosotros, sólo nos pone una condición, que tengamos el traje de la caridad. El Espíritu nos ha embellecido el corazón, nos ha encendido en el fuego de su amor, nos da el deseo de la entrega.
Ahora estamos llamados a responder libremente, sirviendo a los otros con caridad, para afianzar la fraternidad con todos. La caridad genera unidad, es el vínculo que nos reúne, nos llena de alegría, nos da la fuerza para renovar el mundo, nos lleva a la santidad.
Oración: Señor, quiero trabajar en la viña de tu Reino.
Contemplación:
Me falta celebrar el don que han recibido los otros…me dejo llevar por la envidia.
«Yo me doy por entero a ti».
Quiero seguirte incondicionalmente y alegrarme por la vida de los otros.
Acción: Dar gracias por la vocación.
Hno. Javier Lázaro sc.
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