Lectura: “«Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» … «Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!»». (Lc 14, 11-14)
Meditación:
Cuando nos ensalzamos a nosotros mismos, caemos en el narcisismo, nos creemos superiores a los demás; se hace imposible la fraternidad, pues siempre estaremos reclamando valoración y estima de los otros. La gloria sólo es para Dios. Somos llamados a vivir en el agradecimiento por los dones que el Espíritu nos ha dado y a recibir su paz.
La humildad nos permite caminar en la verdad, nos ayuda a reconocernos criaturas, hijos del Padre y hermanos de los otros. La humildad es la virtud que genera las actitudes que contribuyen a vivir en la alegría y recibir los dones que Dios nos quiere dar.
Nuestra vocación es la entrega al servicio de los demás; por esto buscamos establecer un vínculo con los necesitados, pues es a quienes podemos amar genuinamente, por una elección personal, ya que no pueden retribuirnos. Queremos vivir desde ahora, como lo haremos eternamente en el cielo.
Oración: Señor, dame un corazón humilde, que pueda servir gratuitamente.
Contemplación:
En todo quiero cobrar algún peaje afectivo… sacar alguna ventaja…
«Yo te amo gratuitamente. Deseo que correspondas para que despliegues tu corazón y seas feliz».
Quiero recibirte y amar sin esperar nada.
Acción: Asumir la actitud de la humildad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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