En este recorrido, los tutores cumplen un rol fundamental: son como el báculo del peregrino, presentes para sostener y dar confianza en cada paso. Con compromiso y cercanía, acompañan desde el corazón y recuerdan que nadie camina solo.
Su tarea se apoya en cinco valores que marcan cada encuentro: cariño, confianza, respeto, motivación y deseo de bien. A partir de ellos, se convierten en referentes que escuchan, orientan y creen en las posibilidades de cada alumno.

El acompañamiento del tutor busca sostener al estudiante en su integralidad —cuerpo, mente y espíritu—, generando espacios donde cada joven pueda expresarse, plantear inquietudes y encontrar en el colegio un lugar de pertenencia y crecimiento.
Además, cumplen un papel clave en el vínculo entre las familias y la escuela, tendiendo puentes de diálogo y construcción conjunta. En tiempos donde muchos jóvenes se sienten solos o desorientados, la presencia de un adulto empático y comprometido puede marcar una gran diferencia.
Ser tutor, en definitiva, es ser educador desde el corazón: sembrar valores, acompañar procesos y celebrar cada paso del camino formativo.
En nuestro espíritu corazonista, es sobre todo una forma concreta de transformar el mundo a través de la educación.
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