Lectura: “Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: «…yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de Él y es Él el que me envió». Entonces quisieron detenerlo… pero todavía no había llegado su hora”. (Jn 7, 28-30)
Meditación:
Jesús manifiesta una unión total con el Padre; junto con el Espíritu Santo son un solo Dios. El gozo de Cristo es hacer la voluntad del Padre; a su vez el Padre ha confiado todo al Hijo. Jesús no se cree protagonista, se sabe enviado y habla en el Nombre del Padre. Por eso llega a decir “quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre”.
Dios nos ha hecho libres, pero estamos llamados a vivir la unidad con Cristo. Entonces sí viviremos la libertad que nos lleva a la plenitud, pues buscamos siempre el máximo bien. Consagrarnos a Cristo es entregarle nuestra libertad para que busquemos su Reino y lo llevemos a los demás.
Aunque los dirigentes judíos quieren apresar a Jesús, sigue hablando confiadamente, pues sabe que todavía no ha llegado la “hora”. Cuando sea la “hora” Él mismo se entregará, aunque como Hombre tenga miedo a sufrir.
Oración: Señor, unifica mi corazón, haz que lo oriente sólo hacia Ti.
Contemplación:
Busco la independencia total… pero me pierdo en mis caprichos, vicios, adicciones…
«Yo Soy el Camino y si me sigues te doy la libertad…».
Quiero seguir tu Voluntad… dame la fuerza del Espíritu.
Acción: Discernir la voluntad divina.
Hno. Javier Lázaro sc.
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