Lectura: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?”. (Jn 5, 43-45)
Meditación:
Cristo es el enviado del Padre; nos hace llegar su amor a través de su Hijo amado. No tiene otra forma dada la importancia del hecho. Sólo Jesús puede acoger y transmitir el amor más excelso. Además, el Hijo concuerda totalmente con el deseo del Padre y nos quiere amar hasta el extremo, por eso nos da su Vida en la Cruz.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, existen en perfecta unidad y quieren compartir su vida divina con los hombres; para ello nos han dado un corazón con capacidad de gustar e interpretar esta entrega de Dios, su amor incondicional. Esta realidad nos ayuda a definir nuestro proyecto de vida, pues Él no pasa, siempre es fiel.
De esta forma Jesús nos llama la atención para ver a quién seguimos. Hay modas y líderes que son contrarios a Dios. Estamos llamados a cortar y a seguir a Cristo que nos llama para vivir su Reino.
Oración: Señor, llena mi corazón con tu Presencia.
Contemplación:
Me dejo fascinar por propuestas que están vacías, que me engañan y me dejan vacío.
«Yo Soy la Vida, quiero tu amistad para siempre, eternamente».
Toma mi corazón, llévame junto al Padre, quiero la vida del Espíritu.
Acción: Vivir la amistad con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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