Lectura: “Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre”. (Jn 5, 21-23)
Meditación:
Jesús honra al Padre, sólo busca su voluntad. En forma constante siente como el Padre y el Espíritu Santo llenan su corazón de Vida. Este amor, Cristo quiere que lo experimentemos. Dios nos ama entrañablemente, constantemente nos está dando el existir. Cuando el Hijo entrega su espíritu al Padre; corresponden el Padre y el Espíritu devolviendo su cadáver a la Vida.
El hecho de que ha resucitado Cristo, es la primicia de nuestra resurrección. No importa cómo nos hayan sepultado; el principio y la fuerza están en el Cuerpo de Cristo que nos resucitará, dándonos el cuerpo glorioso como el suyo. Vamos a morir y resucitar, damos el paso que nos hace criaturas nuevas, hijos del Padre.
Jesús ha venido para salvarnos. Aunque nos juzguemos mal, si orientamos el corazón hacia la conversión, Él nos salva. Él es infinitamente más fuerte que nuestras debilidades; recibimos el Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Oración: Señor, sana mi corazón, dame la vida que viene del Espíritu
Contemplación:
Con facilidad me domina el desánimo, pienso que la santidad no es para mí.
«Yo Soy la Vida y te doy un corazón nuevo».
Quiero confiar; soy tuyo siempre.
Acción: Despertar la confianza en la gracia divina.
Hno. Javier Lázaro sc.
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