Lectura: “La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”. (Mt 1, 18)
Meditación:
La Virgen María y San José están de novios. En su relación interpersonal tiene preeminencia absoluta Dios. Querían formar una familia “normal”, pero ante el llamado del Espíritu, renuncian a su proyecto y sólo quieren hacer la voluntad de Dios. María acepta ser la Madre de Jesús y San José acepta ser el padre adoptivo. Viven con su corazón totalmente orientado hacia Dios; por eso los dos, por un regalo del Espíritu, pueden seguir vírgenes.
José ama a María por Cristo; y María ama a José por Cristo. No buscan su propia satisfacción personal; viven en comunión con Dios. El Espíritu Santo dirige sus corazones. Son felices en su entrega absoluta; están ocupados en servir al otro, viven para Dios y se aman según Él.
La Virgen María es la Madre de Dios por obra del Espíritu Santo; es fecunda primero en su Corazón inmaculado y luego en su Cuerpo. María se convierte en la nueva Arca de la Alianza; Dios se esconde en su seno para que todos tengamos vida.
Oración: ¡Felicitaciones Virgen María, Madre de Dios y nuestra!
Contemplación:
Busco sensaciones, pero me ofreces vivir de la fe y en comunión.
«Yo, tu Madre, te enseño a vivir la entrega de corazón».
Virgen María cuida mi interioridad, sólo soy de Cristo.
Acción: Cuidar el corazón orientándolo sólo hacia Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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