Lectura: “Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén”. (Lc 9, 51-53)
Meditación:
Jesús nos propone vivir el Reino, la vida nueva con perspectiva de fraternidad y eternidad. Pero no lo impone, siempre respeta nuestra libertad. Según el evangelio de Lucas, el itinerario de la predicación de Jesús es desde el norte, hasta llegar a Jerusalén, donde entrega su vida en la Cruz por nuestro amor.
Pero a su paso por Samaría, les pide permiso a través de los mensajeros para anunciar el Reino. Jesús deja la semilla de su Palabra y luego deja que crezca, es un regalo y una tarea de cada uno. Lo más sencillo es no comprometernos y rechazarlo, pero quedamos inacabados, no nos realizamos plenamente.
El Reino de Dios es espiritual, por su Palabra crece y nos revitaliza. No lo podemos reducir a una posesión o una serie de normas. Cristo quiere darnos nueva Vida. Estamos llamados a comprometernos dejando que obre en nuestro corazón.
Oración: ¡Señor, haz que tu gracia me alcance y mi corazón te responda!
Contemplación:
Deseo vivir una libertad absoluta y rechazo el encuentro con Cristo.
«Yo Soy tu libertad, te lleno de paz, te hago gustar mi Amistad».
Quiero ser tuyo, te entrego todo mi ser.
Acción: Buscar y recibir a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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