Lectura: “Jesús llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí”. (Mt 18, 2-18)
Meditación:
Jesús se identifica con los pequeños, con los niños… la candidez de su corazón es el terreno apto para que crezca el Reino de Dios. Los niños confían, esperan todo, se dejan moldear, quieren crecer, su mirada nos transmite la belleza divina.
Además, Jesús nos pide que seamos como los niños por la apertura y por creer en los adultos que cuidan de ellos (no por su inmadurez o debilidad). Nosotros estamos llamados a confiar en la gracia divina, dejándonos conducir por el Espíritu; y apartándonos de algunos razonamientos y motivaciones, que con frecuencia nos llevan a la soberbia.
Cuando recibimos a un niño, con sus limitaciones y nos hacemos cargo, para darle lo que necesita, recibimos a Cristo, vivimos la paternidad-maternidad espiritual y tenemos la oportunidad de darnos gratuitamente, sin esperar nada a cambio.
Oración: ¡Señor dame un corazón sencillo y humilde!
Contemplación:
Busco la aprobación de los otros y no veo a los pequeños que me esperan…
«Yo estoy en los niños, deseo que me ayudes y te entregues buscando su bien».
Quiero cuidar la candidez de los pequeños.
Acción: Darme gratuitamente, sin esperar nada.
Hno. Javier Lázaro sc.
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