Lectura: “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: -Me arrepiento-, perdónalo… Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: -Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber-»”. (Lc 17, 3-4.10)
Meditación:
El reconocernos como hermanos ya nos tiene que sacar de toda competencia de querer ser más o de sobresalir; estamos llamados a buscar el bien; esto nos lleva a una entrega que se hace ayuda al necesitado. Pero el servicio no se limita a dar cosas o al hacer; va a lo profundo del corazón.
Las personas que realmente viven la amistad en Cristo, se atreven a corregirse con humildad, en forma personal. Dado que se quieren se comprenden y aceptan las debilidades perdonándose una y mil veces. La fraternidad se pone a prueba cuando hablamos y escuchamos al otro.
El corregir en las cosas importantes es una obligación, no podemos dejar en el error al otro; pero previamente necesitamos revisar que no tengamos la misma dificultad. La corrección se hace en el encuentro personal y dando gracias al Espíritu que nos ilumina para proteger el corazón del prójimo.
Oración: ¡Señor, haz que escuche con humildad la corrección fraterna!
Contemplación:
Hago muchas cosas… pero no ayudo a crecer interiormente al prójimo.
«Yo te recibo y te doy la mirada de la fraternidad».
Quiero cultivar la humildad para corregir con caridad al otro.
Acción: Ser compasivos con los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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