Lectura: “Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios». (Lc 13, 11-13)
Meditación:
La persona camina erecta, puede comunicarse con la mirada con los otros, percibe un horizonte, que le lleva a vivir un ideal que le motiva. Pueden existir motivos de salud, que nos hagan vivir en encorvados… Pero el mirarnos a nosotros mismos, es un signo de incapacidad para la comunicación, para darnos a los otros y amar.
Nos realizamos como personas en la comunión con los demás. Necesitamos salir de nosotros mismos, recibir al otro, escucharlo… La mirada compasiva hacia los otros nos ayuda a vincularnos a tender puentes hacia los más débiles, los niños, los pobres… Entonces empezamos a vivir la fraternidad que nos hace gustar la paz interior.
Necesitamos que Cristo nos toque y nos saque de nuestro narcisismo, de la autoreferencialidad, del egoísmo… Cuando nos centramos en las necesidades de los demás, descubrimos que somos infinitamente bendecidos, que estamos llamados a agradecer, que en nuestra historia siempre está Cristo que nos ama.
Oración: ¡Señor, dame la mirada de la fe, que vea a los otros como hermanos!
Contemplación:
Estoy centrado en mis ideas… no puedo ver al otro.
«Yo Soy la Vida… te doy la mirada fraterna…»
Quiero vivir para servir…
Acción: Abrir el corazón para recibir a los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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