Lectura: “¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros”. (Lc 12, 6-7)
Meditación:
Necesitamos cultivar la relación con el Padre, a través de la oración afectiva, la alabanza y el agradecimiento. En forma constante necesitamos elevar nuestro espíritu para profundizar el sentido filial. Dios es el Padre, el origen de nuestra vida, el que nos cuida en forma permanente; Quien nos espera en el banquete celestial; el que nos recibe junto a Cristo, su Hijo, y nos da el Espíritu para generar los sentimientos de sabernos amados. Todo esto para vivir en confianza.
La angustia ante el futuro desconocido, el miedo ante nuestras debilidades y la tristeza por no ver el bien que nos espera, son causa de desconfianza; no nos permiten crecer interiormente y con alegría. Necesitamos desterrar el miedo, la tristeza y la angustia, pues Dios es nuestro Padre y nos cuida siempre.
Él nos sostiene vivos y todo lo dispone para nuestro bien. Es preciso ejercitarnos en el agradecimiento constante, hacer esta gimnasia del corazón, para crecer afectivamente y sabernos amados eternamente.
Oración: Señor, haz que viva confiado en tu amor paternal. Tú me cuidas.
Contemplación:
Sólo confío en mis capacidades… no tengo presente la ayuda de Dios, que me bendice.
«Yo Soy la Vida, el Padre te resucita a la nueva vida».
Enséñame a amar confiadamente, llévame en tu Corazón.
Acción: Ejercitarme en el agradecimiento a Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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