Lectura: “Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo… Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa…». (Mt 1, 18.24)
Meditación:
Este es el acontecimiento decisivo de la historia: el Hijo de Dios se hace Hombre. Es el nuevo y definitivo Adán. La impronta del Padre, la imagen perfecta donde todos estamos llamados a mirarnos e identificarnos. Nos trasmite su misma Vida con su muerte y resurrección; todos somos hombres nuevos, que hemos sido transfigurados al configurarnos con Cristo.
La Virgen María es la única que está preparada para recibir a Jesús. Lo concibe por obra del Espíritu Santo. Su seno es fecundo para toda la humanidad; luego nos concibe a todos sus hijos al pie de la Cruz.
El Padre interviene en la historia, nos cuida a todos. En este caso María y José, obedecen al Espíritu para estar a nuestro servicio. De José aprendemos a escuchar y responder a la voz de Dios en nuestro corazón; pues siempre nos está hablando. Así, María y José se convierten en la familia de Jesús en la tierra.
Oración: Señor, dame docilidad y determinación para responder y seguirte.
Contemplación:
Me siento aturdido por las insinuaciones del mundo… desoigo la voz de Dios.
«Yo te llamo, quiero habitar en tu corazón…Soy tuyo».
Jesús, ven a mí, quiero pertenecer a tu familia.
Acción: Recibir a Jesús en mi corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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