Lectura: “El insensato dice: “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?». Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”. (Lc 12, 19, 21)
Meditación:
Nuestra única riqueza es vivir la pobreza espiritual, que nos lleva a esperar todo lo bueno de Dios, que es nuestro Padre y nos cuida providencialmente. Las cosas que nos rodean solo son buenas en cuanto que nos ayudan a orientar el corazón hacia Cristo. Cuando nos confundimos y convertimos los medios en fines, vivimos en la angustia y la ambición.
Dios ha puesto las cosas de la creación para que nos sirvamos y caminar hacia Él. Necesitamos dinero para movernos en la sociedad actual, pero sólo son un medio. Nuestro corazón necesita estar orientado hacia Cristo, que es el único que sacia nuestra sed interior.
La pobreza espiritual nos permite: confiar plenamente en Dios, dejar que obre en nosotros, asumir su mirada, elegir sólo su voluntad, darnos por entero para servir, aspirar sólo a la santidad, buscar la unidad fraterna, ser mansos e instrumentos de paz.
Oración: ¡Señor, dame un corazón pobre, que todo lo espere de Ti!
Contemplación:
Hago planes, pero donde Tú, Señor, no cuentas; me creo autosuficiente…
«Yo Soy el Camino, te ofrezco la Vida Eterna; colmo tu corazón…».
Quiero vivir para Ti, y ser tuyo eternamente.
Acción: Desprenderme de las cosas materiales.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano