Lectura: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no encontró. Dijo entonces al viñador: «Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?». Pero él respondió: «Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré»». (Lc 13, 6-8)
Meditación:
Jesús es el cultivador de los afectos de nuestro corazón; en forma constante nos está dando una nueva oportunidad. Espera nuestra conversión y que demos frutos abundantes. Él nos ama primero, derrama su Sangre por nosotros, nos transfunde su Vida, quiere que seamos felices, que produzcamos la dulzura de la amabilidad hacia los otros en la fraternidad.
Todos podemos dar frutos pues Dios nos ha infundido su Espíritu. Aunque tengamos heridas, si le dejamos, somos sanados. La curación viene cuando a su vez somos servidores y don para los demás. Buscar el bien de los otros, nos sana interiormente.
El dueño busca frutos, porque a su vez nos hace fecundos, nos abre a los demás. Cuando hacemos cosas sólo para nosotros mismos, quedamos encerrados, incapaces para la felicidad. Necesitamos despertar y hacer la gimnasia del corazón que nos hace servidores de los otros.
Oración: ¡Señor, haz que dé frutos según tu Corazón!
Contemplación:
Vivo de la apariencia, con muchas hojas, pero no doy frutos de caridad… estoy vacío.
«Yo Soy la Vida, te infundo mi amor, para que vivas la fraternidad efectiva»
Quiero con voluntad servir a los otros.
Acción: Dar frutos de servicio y caridad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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