Lectura: “Al pasar vio a Mateo, sentado en el mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían” (Mc 2,14-15).
Meditación:
Jesús antes de empezar a predicar, quiere formar una comunidad y llama a los discípulos. El Reino de Dios, sólo se puede vivir en comunidad-familia, en un vínculo profundo a nivel interpersonal, con Dios y con los otros. Hoy Jesús se fija en Mateo, que cobraba impuestos, había puesto su único interés en ganar dinero.
Jesús lo mira y ve su vacío, pues ninguna cosa puede llenar nuestro corazón; sólo Cristo puede acoger nuestros deseos o sed de plenitud. Mateo buscaba ser respetado por su poder económico o la capacidad que tenía de extorsionar a los demás. Mendiga cariño y afecto, pero sólo recibe dinero; su corazón está atrofiado, incapacitado para amar.
Sólo cuando Cristo le dice “sígueme” se siente liberado. Ya no persigue dinero, sigue a una persona que llena su corazón; vive este momento con una alegría desbordante, que le lleva a invitar a otros muchos, que ahora los ve como hermanos.
Oración: Señor, haz que te siga y te alcance, para que viva para Ti.
Contemplación:
Me dejo llevar por espejismos, por autoengaños, falsos ideales… que siempre me dejan triste.
«Yo Soy el Camino, te llamo a mi amistad».
Quiero seguirte con determinación y radicalidad.
Acción: Vivir la amistad con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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