¿Vale la pena?

10 julio, 2026

Seguramente, en algún momento, se preguntaron si los actos escolares son realmente necesarios o si podríamos reemplazarlos por unas breves palabras que recuerden cada fecha patria. 


Los invitamos a compartir una reflexión de nuestro equipo directivo de Primaria que puede ayudarnos a entender su lugar en la vida escolar.

Lo que no se ve

Los actos suelen reunir a estudiantes, docentes y familias para recordar sucesos lejanos en el tiempo. Y en más de una ocasión escuchamos frases como “no me gustan porque se pierde tiempo de clase”, “son siempre iguales” o “nadie presta atención”.

Sin embargo, si miramos con detenimiento hacia el interior de las instituciones educativas, advertimos que en cada fecha conmemorativa se recuperan valores como el amor a la patria y la construcción de la identidad nacional. Al mismo tiempo, se tienden puentes entre el pasado y el presente, con una mirada reflexiva sobre los hombres, las mujeres y las revoluciones que marcaron nuestra historia.

Toda una comunidad que participa

Así empezamos a entender que son encuentros donde la comunidad participa de manera activa y genuina: la escuela se reúne para conmemorar y celebrar.

Alumnos y docentes planifican el antes, el durante y el después, toman decisiones y construyen una narrativa que conecta el pasado con el presente y proyecta el futuro. Los recursos audiovisuales y las distintas formas de expresión aseguran la atención y el disfrute colectivo.

Un buen acto escolar pone al estudiante como protagonista: no solo participa de los números, sino que despierta su curiosidad, amplía su bagaje cultural, ofrece opiniones y reflexiona sobre causas y consecuencias. Destaca acontecimientos y figuras que cumplieron roles fundamentales en un contexto social, político, económico y cultural determinado.

Pararse frente a todos

Y si hablamos de habilidades socioemocionales, no podemos dejar de subrayar lo que significa que un alumno hable en público, module su voz, use su cuerpo, memorice sus frases, tolere el error y siga adelante. Su autoestima se fortalece al escuchar esos interminables aplausos y al descubrir la sonrisa cómplice y orgullosa de su familia, desde algún rincón del patio o del salón.

Los actos escolares son parte de un proyecto mucho más amplio, ligado a la responsabilidad de nuestros niños y adultos como ciudadanos y transmisores de valores y tradiciones culturales. Recordemos, entonces, lo que expresó el poeta español George Santayana:

“Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.