«En los días 9 y 10 de mayo, por invitación de un buen amigo y del Hno. Lázaro, participé del retiro espiritual de los Hermanos Corazonistas en el Colegio Belgrano de Temperley.
Debo aclarar que, si bien soy católico desde niño, nunca había participado de un retiro. La temática estaba centrada en la educación afectivo-sexual y, quizás, por los tiempos que vivimos, escuchar un título así puede sonar progresista o relacionado con la ideología de género. Pero fue todo lo contrario.
Los jóvenes que participamos aprendimos, junto a los Hermanos, que nuestro cuerpo no está hecho para los placeres temporales. Comprendimos que no debemos reducirlo únicamente a una cuestión de género o genitalidad, sino reconocer en él la grandeza de la creación: fuimos creados para dar gloria a Dios, como lo hacen sus ángeles en el cielo. Todo fue creado por Él, en Él y para Él.
En nuestro caso, como éramos todos hombres de entre 18 y 30 años, reflexionamos sobre la importancia de no reducir el enamoramiento de una mujer al acto sexual, sino de aprender a respetarla y cuidarla. También comprendimos que el acto sexual está llamado a vivirse dentro del sacramento del matrimonio, abierto al don de los hijos, y que quienes abrazan la vida consagrada están invitados a vivir la castidad con la gracia de Dios.
Estemos casados o solteros, la castidad nos ayuda a conservar la pureza del cuerpo y del alma. Somos peregrinos en este mundo y estamos llamados a hacer todo lo posible por alcanzar la vida eterna, aun cuando eso signifique ir contracorriente.
«El que observa la ley domina sus inclinaciones, y el temor del Señor es la culminación de la sabiduría». (Eclo 21,11)
Una de las experiencias más valiosas del retiro —y en la que todos coincidimos— fue el silencio. El silencio nos permite escuchar, en lo profundo del corazón, aquello que Dios quiere decirnos; nos ayuda a dialogar con Él y a meditar sobre las cuestiones que nos acercan a su voluntad.
Cuando compartíamos nuestras meditaciones y reflexiones, no lo hacíamos para ver cuál era mejor, sino para ayudarnos mutuamente a comprender lo que el Señor quería para cada uno.
No tengo la certeza, pero tampoco me cabe duda de que todos los jóvenes que participamos del retiro compartíamos un mismo deseo: mantener una relación cercana con Dios y con el prójimo, aprendiendo a reconocer en el otro no un obstáculo ni un objeto para dominar, sino un hermano, también creado por el Señor.
Anhelamos ser buenos hijos, buenos esposos, buenos padres, buenos sacerdotes y buenos consagrados; pero, por encima de todo, buenos católicos. Queremos ser verdaderos hombres, siguiendo el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo y de San José, modelo de hombre justo, casto, esposo, padre y trabajador. No queremos ser hombres dóciles y deconstruidos, como este mundo muchas veces pretende formar.
Espero que todos sepamos cumplir la misión que Nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos encomendó, para su gloria y el bien de las almas».
«Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo». (Mt 28,19-20)
Leandro Aralda
13 de mayo de 2026, memoria de Nuestra Señora de Fátima
Copyright © 2025 Colegio Belgrano