Hay momentos en la infancia que se graban a fuego en el corazón, y en Primer Grado estamos viviendo uno de ellos.
Este proyecto va mucho más allá de descifrar letras y pasar páginas. Es un puente amoroso entre el hogar y la escuela que demuestra a nuestros alumnos que leer es, ante todo, un acto compartido. Ver sus caritas cuando mamá o papá se sientan frente a ellos es una experiencia transformadora.

Pero hay un tesoro escondido y fundamental que atraviesa cada uno de estos encuentros: la escucha.
En tiempos en los que todo corre y el ruido abunda, detenerse a escuchar al otro es un acto revolucionario. Este año hemos elegido trabajar la escucha como uno de nuestros valores centrales, y este espacio se convirtió en su escenario perfecto.
Cuando los niños guardan silencio para recibir la voz de un familiar, no solo están prestando atención a un relato; están aprendiendo a respetar al otro, a valorar su tiempo y a entender que escuchar es, en definitiva, una forma de decir “me importás”.
Gracias infinitas a cada familia por sumarse, por regalar su tiempo y por enseñarnos que las mejores historias son aquellas que se guardan en el corazón cuando nos encuentran juntos para escucharlas.