Durante su último año de colegio, Pablo García compartió una semana con la Comunidad de Hermanos. Años después, ya exalumno y con una rutina atravesada por el trabajo y sus actividades, decidió volver.
Cambió horarios y recorridos para incorporarse al ritmo cotidiano de la casa: la oración comunitaria, la Misa, los momentos de encuentro y la fraternidad. Esta vez, la experiencia fue distinta. Y Pablo nos cuenta por qué.
“Del 18 al 23 de mayo (2026) viví con los Hermanos. Este tiempo me ayudó a ordenarme en las cosas personales; además, me pude encontrar con Cristo en la oración comunitaria y percibí la vivencia de la fraternidad. El orden externo también ayuda a unificar el corazón.
Si bien esta experiencia ya la había vivido en el último año del colegio, atravesarla como exalumno es otra cosa completamente distinta, especialmente por una cuestión de horarios. Sin embargo, que sea distinta no la hace peor o mejor; simplemente es otra experiencia.
El primer desafío fue organizarme los tiempos de la semana: levantarme y acostarme más temprano de lo habitual para mí, cambiar el recorrido a la oficina, partiendo y volviendo desde el colegio en vez de mi casa, y adelantar mis horarios de natación para poder volver más temprano al colegio. Si bien son muchos los cambios que uno hace, la realidad es que simplemente se trata de cambiar un poco la rutina por unos días. Y uno descubre que, muchas veces, es para mejor, porque te ayuda en cosas tan sencillas como llegar temprano a la oficina y en otras tan fundamentales como cultivar la espiritualidad.
Lo mejor de estos siete días fue la facilidad para poder tener una conexión con Cristo a diario, ya que en mi casa me cuesta más dedicarle un tiempo a la oración. En la casa de los Hermanos es mucho más sencillo estructurarse para poder tener un horario fijo exclusivamente para hablar con Jesús, gracias al ritmo de los horarios de la casa, donde nos despertamos y nos encontramos en la capilla para rezar laudes, seguido de un tiempo de reflexión con el Evangelio diario y un coloquio con Cristo, para más tarde también poder recibirlo en la Misa de la capilla de Pastoral, mientras aportaba a la celebración con mis cantos y guitarra. Luego, por la tarde, para cerrar el día, compartíamos vísperas antes de cenar, dedicándole otro ratito más al Señor después de un día trabajado.
En cuanto a la fraternidad de la casa, si bien no he podido compartir demasiado debido al trabajo y a mis clases de natación, agradezco el tiempo que pude pasar con los Hermanos: las tardes que tuve libres en la casa, simplemente charlando con ellos en el living, y también durante los desayunos y cenas.
Para cerrar, quiero agradecer a Leandro y a los Hermanos Julio, Lázaro, Mario y Solas por permitirme pasar esa semana de convivencia con ellos. Y otro agradecimiento especial a Lázaro por ser quien me ha invitado y por hacer esto posible”.
Pablo García
Exalumno del Colegio Belgrano