Con los ojos bien abiertos

18 julio, 2025

En el marco del Proyecto Educativo Institucional «La mirada que descubre», las Salas Azules (segunda sección) emprendieron un recorrido lleno de descubrimientos, juegos y aprendizajes en contacto directo con la naturaleza.

A lo largo de este camino, los niños desarrollaron una mirada atenta, respetuosa y curiosa hacia el mundo que los rodea.

La propuesta comenzó con una salida educativa a la granja. Allí, los pequeños revivieron lo trabajado en el aula, fortaleciendo el vínculo con los animales a través de la observación, el cuidado y el respeto. El contacto directo convirtió la teoría en vivencia, emoción y aprendizaje profundo.

Más adelante, nos adentramos en el universo de los insectos: construimos un terrario y salimos al jardín a recolectar algunos de sus diminutos habitantes. Con asombro y curiosidad, descubrimos formas, colores y comportamientos, dándole valor a aquello que muchas veces pasa desapercibido.

La visita al laboratorio escolar, junto a la profesora Laura, fue otro momento especial. Con lupas binoculares y microscopios, ampliamos nuestra mirada y descubrimos detalles invisibles a simple vista, lo que potenció aún más el interés por el mundo natural.

También creamos espacios lúdicos donde el contacto con la tierra fue protagonista. Jugamos, tocamos y exploramos utilizando pinzas, lupas y mucha imaginación, privilegiando el juego compartido por sobre el uso de la tecnología.

Otra experiencia significativa surgió a partir de la lectura del cuento “Elmer y el gran pájaro”, de David McKee. A través de esta historia nos sumergimos en el fascinante mundo de las aves. Observamos los colores de sus plumajes, especialmente los tonos azules y el pájaro negro que aparece en el cuento, y conectamos esta narración con el reconocimiento de las aves que habitan nuestro entorno.

Y no lo hicimos solos: las familias de Sala Azul acompañaron cada paso y propuesta. ¡Gracias por el entusiasmo y la participación, que volvieron esta experiencia aún más significativa!

Estas vivencias nos recuerdan la importancia de fomentar, desde la infancia, el vínculo con la naturaleza: mirar con atención, tocar con respeto, compartir con otros. Porque es en ese encuentro con el mundo natural donde se despierta la verdadera curiosidad y el deseo de aprender.