Cuando Dios nos habla

5 septiembre, 2026

Dios todo lo ha hecho con su Palabra; continuamente se comunica con nuestro corazón y busca nuestra amistad para hacernos felices.

Cuando la leemos o escuchamos, nuestro corazón se inflama de esperanza y se enciende una luz que nos acompaña y sostiene. Por eso, septiembre, mes dedicado de modo especial a la Biblia, es una invitación a acercarnos a ella y dejarnos transformar.

Estamos en la sociedad del todo “ya”; nos falta tiempo para estar con nosotros mismos. Nos han quitado la capacidad de reflexionar, de tener conciencia de nuestro ser, de despertar los afectos del corazón y de sentir que Alguien nos recibe para que seamos felices.

La lectura cotidiana de la Palabra es una comunicación profunda que interpreta lo que sentimos y nuestros deseos más íntimos. Es un desafío entrar cada día en oración, buscar ese tiempo de descanso en Dios, que nos recuerda constantemente que somos hijos amados.

La lectura del Evangelio de cada día, o de otra parte breve de la Biblia, es una forma de oración que nos ayuda a tender el hilo conductor y establecer la comunión de corazón a Corazón. Es un tiempo de entrega y agradecimiento. No buscamos resultados ni productividad; simplemente, la amistad con quien sabemos que nos ama.

Con frecuencia decimos: “No tenemos tiempo”. Pero la Palabra nos enseña a jerarquizar de otra forma nuestras tareas y entonces vemos que podemos desprendernos de cosas superfluas. Comenzar el día con la oración, con la meditación del Evangelio, nos ayuda a encontrar el sentido profundo de lo que hacemos y vivimos.

El Evangelio nos lleva al encuentro personal e íntimo con Cristo; nuestro corazón necesita vivir este momento de entrega y gratuidad. Solo Él puede saciar los deseos más profundos y personales. En la Palabra encontramos el espejo donde estamos llamados a mirarnos y a escuchar al Padre, que nos quiere eternamente.

La Biblia no es un libro científico ni plenamente histórico, pero sí es un camino de comunión espiritual que responde a nuestras preguntas existenciales. Con su Palabra podemos establecer un diálogo que nos ennoblece y conduce a la sanación interior, confiando siempre en la misericordia de Dios.

Los “demagogos” nos presentan infinidad de técnicas de relajación o terapias que, en muchos casos, solo nos entretienen; “la nueva era” nos propone la satisfacción inmediata, pero es una carrera sin fin que nos lleva a más insatisfacción y tristeza. Solo Cristo y su Cruz dan sentido pleno a nuestra vida.

La perseverancia en la lectura del Evangelio, día a día, es como la lluvia suave que va penetrando la tierra y la hace fecunda. Es así como de nuestro corazón comenzarán a fluir afectos de aceptación, aprecio, entrega y deseo de vivir amando. Nuestro espíritu siempre está vivo; hace falta que lo “reguemos” con la Palabra y entonces saldremos de la aridez o de la rutina de la vida.

La lectura de la Palabra es un encuentro personal con Cristo, que nos mira a los ojos y nos ama. No es el encuentro con una idea o una energía. Cristo habita en nuestro corazón.

Hno. Javier Lázaro