De Francisco a León XIV

El lunes de Pascua amanecimos con la noticia de que Dios llamó al Papa Francisco a su encuentro definitivo. El Espíritu Santo sigue animando a la Iglesia y, en el día de la Virgen de Luján, nos regaló al Papa León XIV: el nuevo sucesor de Pedro y vicario de Cristo en la tierra.

Como familia, vivimos este tiempo con alegría, sabiéndonos bendecidos y guiados por el Buen Pastor.  

León XIV nos llena de esperanza porque nos recuerda la necesidad de:

  • Poner a Cristo en el centro de nuestra vida. Es la Roca firme donde podemos realizarnos plenamente, felices, como hijos del Padre.
  • Acoger la paz de Cristo, que es la síntesis de todos los dones espirituales. Él nos la regala con su presencia; solo es preciso abrir el corazón.
  • Trabajar por la unidad de todos: en la Iglesia, en la familia, en la comunidad educativa… Es Cristo quien nos reúne.
  • Vivir el amor como un servicio gratuito a los demás. Pero, primero, necesitamos dejarnos amar por Dios.
  • Asumir nuestra misión de educadores (padres y docentes) como un ministerio, donde ejercemos la autoridad y la entrega en nombre de Cristo.
  • Recibir la Verdad, que es Cristo. No hay otras verdades particulares. Solo cuando lo miramos a Él, nos reconocemos como personas con dignidad y con un destino eterno.
  • Promover el diálogo, con una escucha atenta; perdonando cuando el otro se equivoca y aceptando con humildad que también somos débiles.
  • Humanizar las redes sociales y el mundo de la inteligencia artificial. Todos tenemos un corazón con sentimientos, capaz de establecer vínculos con fidelidad.
  • Reconocer el valor insustituible de la familia, del matrimonio estable entre el hombre y la mujer.
  • Asumir a la Virgen María como Madre y modelo a imitar en todos los órdenes de la vida.

Hno. Javier Lázaro sc

 

¡GRACIAS Y HASTA PRONTO, PAPA FRANCISCO!

El pasado 21 de abril, el mundo se despertó con la noticia del fallecimiento del Papa Francisco. En medio de la alegría pascual, el corazón se nos entristeció por la partida de nuestro Pastor. Sin embargo, ese sentimiento duró poco, ya que, gracias al sacrificio de Jesús en la Cruz y su Resurrección, sabemos que la muerte es el paso previo al encuentro definitivo con Dios, por nuestra propia resurrección.

Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en la capital argentina. Hijo de emigrantes piamonteses: su padre, Mario, era contador y empleado del ferrocarril; su madre, Regina Sivori, se ocupaba del hogar y de la educación de sus cinco hijos.

Se diplomó como técnico químico y luego eligió el camino del sacerdocio, ingresando al seminario diocesano de Villa Devoto el 11 de marzo de 1958, con 22 años. El 13 de diciembre de 1969 recibió la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo Ramón José Castellano. Prosiguió su formación en la Compañía de Jesús entre 1970 y 1971, en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 emitió su profesión perpetua.

El 20 de mayo de 1992, San Juan Pablo II lo nombró Obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. A la muerte del cardenal Quarracino, el 28 de febrero de 1998, lo sucedió como Arzobispo y Primado de la Argentina.

Fue una figura destacada en todo el continente y un pastor sencillo, muy querido en su diócesis, que recorrió de punta a punta, incluso viajando en transporte público durante sus quince años de ministerio episcopal.

Tras la renuncia de Benedicto XVI, el 13 de marzo de 2013, Jorge Bergoglio fue elegido Papa durante el cónclave. Adoptó el nombre de Francisco y, desde su primera aparición, emocionó a sus fieles, a quienes pidió con humildad: “Recen por mí”.

El Papa Francisco publicó cuatro encíclicas:

  • Lumen Fidei, una reflexión sobre la fe, que “llama a todos los católicos a confiar plenamente en el amor de Dios y en la plenitud de la fe cristiana”.
  • Laudato Si’, una carta en la que llama a cuidar el planeta —al que denomina “nuestra casa común”— y a escuchar el clamor de los más pobres. Allí aborda la crisis climática y defiende la gestión ambiental.
  • Fratelli Tutti, una encíclica sobre la fraternidad y la amistad social.
  • Dilexit Nos, un escrito sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo.

En este Año Jubilar, que Francisco describió como un tiempo de esperanza, reconciliación y fraternidad, nos invitó a buscar los signos de esperanza en la vida y a comprometernos con la construcción de un mundo más justo y solidario. Fieles a su pedido, sigamos caminando con la certeza de las palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

Prof. Claudia Paladino