Carl Orff
Compositor y pedagogo musical
Las palabras, y más aún las sílabas,
son fonéticamente esquemas musicales”.
Constituye la base sobre la cual se estructura la música y es uno de los factores que, con mayor naturalidad, nos invita a movernos y a tocar. Además, juega un papel fundamental en el desarrollo de habilidades esenciales, como la coordinación motora, la percepción auditiva y la concertación grupal.
La vivencia del ritmo comienza desde los primeros niveles, desarrollando la escucha activa a través de juegos de representación corporal y de llamada-respuesta. Sin embargo, al igual que ocurre con todo lenguaje, llega un momento en que la escritura se vuelve necesaria o deseable. Es aquí donde la lectoescritura musical puede convertirse en un desafío.
En las clases de música, nos apoyamos en metodologías activas que buscan transformar el lenguaje hablado en un recurso musical, estableciendo entre ambos una relación que favorezca los procesos de aprendizaje. Así, las palabras se convierten en nuestras aliadas y la separación en sílabas, así como la acentuación, se nutren bidireccionalmente con el ritmo.
Las figuras musicales se presentan en células rítmicas que pueden pensarse como unidades de uno, dos o cuatro sonidos, a las que vinculamos con monosílabos, bisílabos o cuatrisílabos, buscando que se acentúen en la primera de ellas. ¡Todo un trabajo ortográfico!
Esta asociación de palabras y células rítmicas permite crear y entender discursos musicales de manera sencilla, dando lugar a producciones musicales propias. Más adelante, cuando el estudiante alcanza una mayor madurez, puede abordarse el ritmo desde su aspecto más matemático, es decir, el valor de las figuras musicales y su proporcionalidad en la duración del tiempo musical.
A continuación, compartimos algunas imágenes que ilustran nuestra tarea en Tercero B.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano