Dejarse interpelar

19 diciembre, 2025

Durante el primer fin de semana de noviembre, un grupo de 21 jóvenes participó de un retiro en el espacio de Pastoral de nuestro colegio. Esta propuesta se desarrolló en el marco del camino vocacional «Ven y Verás».

Los testimonios de Maximiliano Fittipaldi y Ramiro Monesterolo ponen en palabras lo vivido: preguntas, búsquedas y la experiencia profunda de descubrir que la fe se fortalece cuando se camina con otros.

 

Con Cristo, formamos un solo Cuerpo: la comunidad

«El 1 y 2 de noviembre de 2025 nos encontramos en el espacio de Pastoral del Colegio Belgrano de Temperley para reflexionar sobre nuestra vocación, centrándonos especialmente en la necesidad del encuentro con los otros.

Hace un tiempo conversaba con mi hermano, quien me contaba que en el lugar donde estudiaba las psicólogas solo citaban a los chicos con bajo rendimiento académico. Entonces me dijo: “A pesar de que nos vaya bien en lo académico, eso no significa que no tengamos problemas. ¿Qué hay de nosotros?”.
Este retiro, orientado a la comunidad, me hizo recordar aquella anécdota porque, aunque esté estudiando una carrera rentable —transitando “el camino del éxito”, o al menos lo que la sociedad considera éxito—, eso no implica que no tenga conflictos personales y espirituales que deba atender. El retiro me ofreció precisamente ese espacio para hacerlo.

Uno de los conceptos más importantes que trabajamos fue que la comunidad es un solo cuerpo unido en Cristo, y que cada miembro es valioso. Si uno se resiente, todo el cuerpo se resiente. Los retiros que realiza la Congregación de los Hermanos Corazonistas no solo sirven como guía para quienes asistimos, sino que son también alimento espiritual que nos fortalece para acompañar a otros hermanos necesitados.

La comunidad requiere una retroalimentación constante: servir a quienes se sienten más desorientados o débiles. Sin embargo, atender a nuestros hermanos demanda tiempo y paciencia; nuestra energía se desgasta. Entonces surge la pregunta: ¿de dónde proviene la fuerza necesaria si esta se consume?
Si el sostén de la comunidad dependiera únicamente de nosotros, hace mucho estaríamos agotados. En realidad, la fuerza no proviene de nosotros, sino de Cristo y de sus enseñanzas, una fuente inagotable que nos renueva.

Otro punto fundamental fue confiar en la comunidad y no en lo material. Hoy más que nunca esto cobra sentido: vivimos rodeados de máquinas y algoritmos que nos hacen creer que podemos apoyarnos totalmente en ellos. La automatización puede ser útil, pero es frágil, como el propio ser humano. La única manera de superar esa fragilidad es ayudarnos mutuamente, siempre fundados en Cristo.

También reflexionamos sobre la “inmoralidad del consenso”, entendida no como la búsqueda del bien común, sino como ese punto medio cómodo donde nadie se incomoda. Ese tipo de consenso puede alejarnos de Dios por miedo a confrontar o a ser rechazados.
Escuchar y acompañar al otro implica animarse a decir la verdad con amor, aun cuando no sea fácil.

De esto y de muchas otras cosas se habló en el retiro. Pero lo más importante es recordar que estamos llamados a ser “otros Cristos en la tierra”, extendiendo el Reino y fortaleciendo la comunidad. Porque, como dijo Jesús: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)».

Maximiliano E. Fittipaldi – Ciudad de Buenos Aires

Cristo nos reúne en la comunidad

«Fui sin expectativas, pero con emoción, con fuego en el corazón y muchas ganas. Hacía tiempo que quería conocer a los Hermanos y me sorprendió la cantidad de cosas que hacen, dentro y fuera de su comunidad, incluso a la distancia. Me impactó su humildad, su sencillez, su preparación y su vocación docente, algo que desconocía por completo.

Me dejé conducir por el Espíritu. No tenía preguntas para hacer; simplemente observé cómo son, cómo se manejan, cómo viven. Más allá de todo, el retiro cumplió plenamente su función, al menos para mí.

Me dejó mucha paz en el corazón, nuevos aprendizajes y un espacio para conectar con otros y conmigo mismo. Me ayudó a reconocer qué aspectos de mi vida necesitan más luz, dónde estoy parado y qué me falta. Comprendí mejor la importancia de la comunidad y el valor de caminar con otros.

No tengo más que palabras de agradecimiento por la manera en que los Hermanos se brindaron conmigo y con todos. Doy gracias a Dios por la misión educativa que realizan. Son personas de entrega, con templanza, prudencia, carisma, justicia, amor, paz, sabiduría y fortaleza.

Es hermoso abrirse con ellos, porque uno no se siente juzgado; todo lo contrario: te regalan mimos al corazón y te ayudan a encontrar el sendero que conduce a Cristo.

Me encantaron los temas, las dinámicas, los tiempos y la profundidad con la que se trabajó todo. Para mí, que soy novato y era la primera vez que participaba, fue un regalo enorme. Me animé a ir y Jesús me regaló muchísimo: encuentros, palabras, gestos, oración. Incluso fue la primera vez que recé Laudes.

Ya tengo ganas de volver pronto. Fue un regalo de Dios. ¡Mil gracias!«.

Ramiro Monesterolo – Provincia de Córdoba