El camino de la lectoescritura

19 febrero, 2025

«Un proceso único de crecimiento y aprendizaje para cada niño».

Cada año, desde la escuela, nos enfrentamos al desafío de iniciar o profundizar el aprendizaje de la lectoescritura con nuestros niños. Este proceso requiere la intervención y cooperación de los maestros, pero también el acompañamiento de las familias.

Acompañar no significa ser un experto en alfabetización, sino estar presentes, creando momentos de exploración y disfrute. Esa presencia puede marcar una gran diferencia, facilitando trayectorias educativas más sólidas y exitosas.

Son muchas las actividades que favorecen este proceso, y no solo ocurren en la escuela. Jugar con masas, enhebrar cuentas o construir con bloques fortalece la motricidad fina, una habilidad clave para el desarrollo de la escritura.

Todo comienzo implica un reto, acompañado de diversas emociones como la frustración o la negación. Sin embargo, evitar la frustración es evitar el aprendizaje. Afrontar estos desafíos ayuda a los niños a explorar emociones, buscar soluciones y reconocer sus fortalezas.

La confianza es la base del aprendizaje. Junto con la ejercitación y sistematización, permite avanzar y consolidar lo aprendido, siempre respetando los tiempos y necesidades de cada niño.

La Lic. Mariana Villalba Arnabal nos invita a reflexionar sobre los seis aspectos clave en el proceso de aprender a leer y escribir:


Alfabetización temprana: Así como un jardinero prepara la tierra antes de sembrar, en los primeros años de vida abonamos el cerebro del niño con un ambiente rico en lenguaje, emociones positivas y experiencias variadas.

Conciencia fonológica: Es ayudar al niño a reconocer y jugar con los sonidos del lenguaje. Cada sonido, rima o sílaba que identifica es una semilla plantada que formará la base del reconocimiento de palabras.

Conocimiento de las letras: Aprender las letras y sus sonidos es como regar y cuidar las primeras plantas. Cada nueva letra es un brote que necesita atención y práctica para fortalecerse.

Decodificación: Cuando el niño une letras y sonidos para formar palabras, su jardín mental comienza a crecer, desarrollando tallos firmes y hojas verdes.

Fluidez lectora: Con práctica y confianza, la lectura se vuelve más natural y agradable. Las palabras cobran ritmo y significado, como flores vibrantes que llenan el jardín de colores y perfumes.

Comprensión lectora: Es el momento de cosechar los frutos. El niño no solo lee, sino que comprende, interpreta y aplica lo aprendido en nuevas situaciones.

Así como un jardín necesita tiempo, dedicación y amor para florecer, el cerebro del niño requiere estimulación y acompañamiento en cada etapa de su desarrollo. Cada historia leída, cada palabra compartida y cada momento de exploración es una semilla que quedará en su mente.

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