El mundo cambia, pero cada persona tiene una identidad única e irrepetible. Por ello, niños y jóvenes pueden plantearse ideales propios que los impulsan a lo grande, comprometiendo su voluntad y organizando su tiempo. Así, alcanzan una realización plena y con alegría.
Como padres y docentes, los acompañamos en este proceso aplicando la pedagogía de la confianza. Esto último implica:
- Descubrir nuevas posibilidades de movimiento, comunicación y autonomía. Con una mirada cariñosa confirmamos sus avances; con palabras de aliento y presencia, sostenemos su esfuerzo.
- Aprender a escuchar el “no”, comprendiendo los límites del camino verdadero. La autoridad bien ejercida da vida y seguridad; en cambio, la permisividad extrema o la falta de principios generan desconfianza y desmotivación.
- Confiar en su capacidad de tomar decisiones según su madurez. La formación ética, las costumbres familiares y el marco de relación con los demás son pilares en este proceso.
- Valorar sus cualidades y la belleza en sus tareas, juegos o emociones. Aunque intenten imitarnos, los alentamos a descubrir su propia forma de ser y hacer las cosas.
- Aprovechar el tiempo y jerarquizar objetivos. En la adolescencia, la pérdida de tiempo puede generar desconfianza, angustia y desmotivación. Los buenos hábitos se forman desde la infancia.
- Cultivar la prontitud y la diligencia. Realizar las tareas cotidianas con orden y rapidez ayuda a fortalecer el carácter y la autonomía.
- Administrar bien el tiempo para favorecer la convivencia. Cuando los tiempos están organizados, todo fluye mejor y se genera un ambiente armonioso.
- Vivir el orden como adultos, dando ejemplo de confianza y seguridad. Priorizar lo importante permite una mejor escucha y una relación más saludable con los demás.
- Descubrir talentos y carismas sin depender de la validación externa. Los niños necesitan ser guiados de la mano hasta que logran caminar solos.
- Fomentar el diálogo entre padres, docentes y niños. Escuchar sus miedos y fantasías, ayudándolos a reconocer sus logros, fortalece su confianza y autoestima.
Acompañar con confianza es brindar herramientas para que los niños crezcan con seguridad, motivación y alegría.
Hno. Javier Lázaro sc.