La templanza nos lleva al deseo de lo sublime

29 marzo, 2025

La templanza es la última de las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), pero la primera a la hora de adquirir los hábitos buenos que nos llevan a la conquista de nosotros mismos y a la alegría.


Nos ayuda a:

  • Dejarnos acompañar. El camino no lo podemos hacer solos. Dentro del marco de la confidencia, necesitamos aprender a expresar lo que sentimos.
  • Ser humildes y dóciles para seguir los consejos que nos dan las personas que nos quieren. La humildad es la actitud del corazón que nos lleva a aceptarnos, sin necesidad de exigir a los otros que nos reconozcan.
  • Impulsarnos para hacer las cosas bien, aunque nos cuesten.
  • Comprometernos con lo grande o definitivo. A medida que caminamos, las distintas actividades se hacen con más facilidad.
  • Vivir la sorpresa ante lo nuevo que vamos aprendiendo. Nos saca del aburrimiento, pues sabemos valorar la realidad desde otra perspectiva, mirando hacia adelante.
  • Comprometernos con el futuro, adquiriendo hábitos de estudio y de ejercicio físico. Sabemos que muchas cosas que hacemos ahora tendrán consecuencias más adelante.
  • Dedicar tiempo a la lectura para enriquecer el espíritu, ser críticos y pensar en el día de mañana.
  • No tener miedo al esfuerzo de superación en el deporte o en la educación física, pues contribuye a la madurez emocional.
  • Esperar. Tener paciencia para hacer las cosas paso a paso, sin prisas pero sin pausa. Con la esperanza aprendemos a dejar para después lo más fácil.
  • Ordenar los pensamientos, sentimientos y afectos; apartarnos de todo lo que suponga manipulación o denigración de la belleza interior de la persona.

Cuando nos hemos puesto en este camino del orden y la esperanza, vamos a gozar de la alegría, pues todos tenemos el corazón dispuesto para hacer las cosas bien.

Al colegio venimos a aprender, a convivir, a estar con los otros, a establecer relaciones de amistad con todos. La alegría es la fuerza para aceptar a los demás: la distancia más corta entre dos personas. Ser corazonistas nos obliga a querer a los demás de corazón, sin mentiras.

Queremos manifestar nuestra determinación de la esperanza en el futuro y la alegría de vivir en el camino hacia la plenitud.


La comunidad la construimos todos con los pequeños detalles de cada momento:

  • Los docentes, con su espíritu de pertenencia. Gracias a cada uno por recibir con el corazón a estos alumnos, porque les hacemos sentir como en su segunda casa.
  • Las familias, por su participación activa y por confiarnos lo más valioso, donde tienen depositadas todas sus ilusiones: sus hijos.
  • Los alumnos, con el estudio y el juego. Son los protagonistas de nuestra comunidad; nos infunden la alegría y la fuerza para superarnos tanto a los docentes como a los padres.
  • Los Hermanos, que aportamos la espiritualidad, haciendo sentir que todos estamos en el Corazón de Jesús, que nos ama siempre.
  • Gracias a Jesús, ese amigo presente que está en el centro de cada uno, que nos acompaña, que siempre nos espera para que le contemos nuestras cosas, en la capilla o en la oración silenciosa de cada momento.
  • Gracias a todos porque compartimos los mismos sentimientos, por animarnos, por acompañarnos, porque cada uno busca el bien de los demás.
  • Gracias por el espíritu de familia, donde las relaciones se hacen sinceras, se perdonan las debilidades y se aprende a celebrar los éxitos.

Hno. Javier Lázaro sc.