Lectura: “«Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor». María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz»” (Lc 1, 45-48).
Meditación:
La Virgen María va a visitar a su prima Isabel, que la recibe con una felicitación por haber creído a Dios. Nuestra Madre acepta esta felicitación, expresa su alegría y además nos muestra el origen o la fuente de la alegría: es Dios, el Salvador que ya se ha encarnado en su seno y el Espíritu Santo que la ha desposado.
María reconoce su pequeñez y la grandeza de Dios. Sale de su “yo” y ve la obra que el Espíritu realiza en su corazón. Pero no se apropia esta alegría, nos hace partícipes a nosotros, que también la podemos felicitar a lo largo de las generaciones.
La clave de la vocación de María es que acepta la misión que Dios le encomienda e inmediatamente se pone en camino, va a ayudar a su prima; se entrega al servicio de los demás, realiza lo que dice.
Oración: María, Madre mía, haz que mi corazón alabe a Dios.
Contemplación:
Algunas veces solo me lamento… no veo lo bueno…
Yo te llamo a la alegría… Alégrate con nuestra Madre, canta la belleza de su Corazón.
Quiero despertar mi corazón y alabarte.
Acción: Expresar la alegría que recibo del Espíritu.
Hno. Javier Lázaro sc.
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