Lectura: “Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!»”. (Lc 1, 40-42)
Meditación:
La Palabra de Dios sana e ilumina nuestro corazón; la Virgen María proclama la Palabra de Dios porque la vive y además en el momento de la visitación la lleva en su seno, es portadora de la Palabra. Al llegar a la casa de Isabel, su solo saludo hace que cambie todo el ambiente de aquel hogar, que vivía con miedo y con mutismo.
Al proclamar la Palabra también se nos hace presente el Espíritu Santo, que nos permite vivirla y comunicarla con cariño, enamorados de Cristo, que nos habita. Nuestro corazón es el útero de la Palabra, que puede alumbrar una nueva realidad en nuestro entorno. No es preciso saber cómo, sólo necesitamos confiar.
María vive la Palabra, porque está abierta a la voluntad de Dios. Su libertad está en seguir el querer de Dios. Cada uno estamos llamados a salir de la superficialidad, de las últimas noticias, para alcanzar la libertad de amar.
Oración: María, enséñame a gustar y llevar la Palabra de Dios.
Contemplación:
Tengo muchas cosas en la cabeza, pero no guardo la Palabra de Dios…
«Yo Soy la Palabra del Padre, deseo habitar en ti».
Quiero escuchar y guardar tu Palabra, ser tu testigo.
Acción: Conversar la Palabra en el Corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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