Sembradores de esperanza

29 marzo, 2025

Si tuviéramos que elegir una expresión para definir la alegría con la que iniciamos este año lectivo, sería «Sembradores de esperanza». 


¿Por qué? Porque vemos la posibilidad de alcanzar:

  • Las metas que nos proponemos.
  • Vínculos de amistad sólidos.
  • Nuevos conocimientos.
  • La certeza de sabernos acompañados por los docentes.
  • La experiencia de sentirnos amados por Jesús.
  • Nuestra pedagogía, que se basa en un principio fundamental: «educamos desde el corazón».

A lo largo del año trabajaremos tres valores esenciales: interioridad, diálogo y templanza. En este inicio, nos enfocamos en la templanza como generadora de esperanza.


La templanza, clave para el crecimiento

Definimos la templanza como la virtud que nos ayuda a mantener el equilibrio en distintos aspectos de la vida: la alimentación, el descanso, la sexualidad, el uso de las redes sociales, entre otros. Es la base para un crecimiento integral y armónico. Nos exige:

  • Pensar antes de actuar.
  • Superar la fatiga o el capricho, para no hacer las cosas a medias.
  • Hacer bien cada tarea que emprendemos.

La templanza es una necesidad para todos: padres, hijos, alumnos y docentes. Nos ayuda a:

  • Ordenar nuestros espacios y pertenencias: juguetes, mochilas, uniformes, alimentos.
  • Aprender a esperar con confianza, porque el esfuerzo da frutos.
  • Administrar mejor el tiempo, dejando de lado distracciones para cumplir primero con las responsabilidades.
  • Estar atentos a escuchar.
  • Encontrarnos con Jesús en nuestro interior.
  • Dejar atrás pensamientos negativos y enfocarnos en construir nuestro proyecto de vida.

El orden como camino a la libertad

El orden es mucho más que una cuestión estética. Nos permite:

  • Desarrollar un pensamiento reflexivo, analítico y organizado.
  • Ahorrar tiempo, mucho tiempo: ¿cuántas veces perdemos minutos buscando algo que no sabemos dónde dejamos?
  • Infundir confianza en nuestros padres: les hacemos más fácil la tarea de educar, la convivencia en casa es más cariñosa, evitamos todo lo que pueda separarnos.
  • Dar sentido a cada acción, realizándola con entusiasmo y motivación.

El orden nos da esperanza porque nos permite ver el camino con claridad, avanzar con autonomía y fortalecer nuestra identidad y libertad.


Esperanza: impulso para crecer

La esperanza nos mantiene en movimiento, incluso cuando enfrentamos dificultades. Es una virtud activa que nos impulsa a buscar la verdad y el bien.

Nuestra esperanza es cierta porque Cristo ha resucitado y ha hecho nuevas todas las cosas. No depende del progreso técnico ni de nuestras fuerzas, sino de la certeza de sabernos amados por Dios.

Vivir con esperanza nos llena de confianza, nos abre a la fraternidad y nos orienta al encuentro con Cristo. La indiferencia nos esclaviza; la esperanza nos libera y nos acerca a los demás, permitiéndonos ver lo bueno en la creación y en quienes nos rodean.


Como dice San Pablo: «No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios» (Flp 4,6).

 

Hno. Javier Lázaro sc.