¿Por qué? Porque vemos la posibilidad de alcanzar:
A lo largo del año trabajaremos tres valores esenciales: interioridad, diálogo y templanza. En este inicio, nos enfocamos en la templanza como generadora de esperanza.
Definimos la templanza como la virtud que nos ayuda a mantener el equilibrio en distintos aspectos de la vida: la alimentación, el descanso, la sexualidad, el uso de las redes sociales, entre otros. Es la base para un crecimiento integral y armónico. Nos exige:
La templanza es una necesidad para todos: padres, hijos, alumnos y docentes. Nos ayuda a:
El orden es mucho más que una cuestión estética. Nos permite:
El orden nos da esperanza porque nos permite ver el camino con claridad, avanzar con autonomía y fortalecer nuestra identidad y libertad.
La esperanza nos mantiene en movimiento, incluso cuando enfrentamos dificultades. Es una virtud activa que nos impulsa a buscar la verdad y el bien.
Nuestra esperanza es cierta porque Cristo ha resucitado y ha hecho nuevas todas las cosas. No depende del progreso técnico ni de nuestras fuerzas, sino de la certeza de sabernos amados por Dios.
Vivir con esperanza nos llena de confianza, nos abre a la fraternidad y nos orienta al encuentro con Cristo. La indiferencia nos esclaviza; la esperanza nos libera y nos acerca a los demás, permitiéndonos ver lo bueno en la creación y en quienes nos rodean.
Como dice San Pablo: «No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios» (Flp 4,6).
Hno. Javier Lázaro sc.
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