Lectura: “Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello… La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado»”. (Jn 6, 27-29)
Meditación:
El alimento que permanece hasta la Vida Eterna es el Cuerpo de Cristo. Durante este tiempo de peregrinación en la tierra, Jesús se hace nuestra comida, es la primicia de la eternidad. Vivir en su amistad es estar en comunión con Él, que nos lleva al Padre y al Espíritu Santo. En forma constante orientamos nuestro corazón hacia su Corazón.
Cristo es el Camino, es Alimento, es Vida. Pero para este tiempo temporal, con frecuencia nos cargamos de cosas que entorpecen nuestro caminar, cosas pasajeras que nos desorientan de la casa del Padre. Cristo es el único mediador del Padre, que lo ha elegido como el Hijo amado y en Él todos nosotros.
No necesitamos razones para creer; hemos recibido el don de la fe y además, si somos dóciles, el Espíritu nos guía. Esto no tiene una explicación; sólo necesitamos celebrar con alegría y acoger el don; Cristo que se da como Pan de Vida.
Oración: Señor, alimenta mi corazón con tu Cuerpo.
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Contemplación:
Estoy caminando, pero a veces me olvido hacia donde voy…
«Yo Soy el Camino, voy contigo, te doy la fuerza con mi Palabra, mi Cuerpo y Sangre».
Tengo sed de tu Amistad, soy tuyo eternamente.
Acción: Buscar la comunión con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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