Lectura: “De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!». El les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma”. (Mt 8, 24-26)
Meditación:
Jesús ha puesto su morada en nuestro corazón; pero con frecuencia le ignoramos; pretendemos convivir con pensamientos o sentimientos que nos atormentan o nos roban la paz. Cristo nos llama a una relación de amistad exclusiva; sabe que necesitamos su mirada enaltecedora, su confianza que nos llena de paz.
Con frecuencia sentimos que nuestra vida se tambalea, pero porque estamos considerando sólo las tormentas del entorno y los peligros que nos acechan. Es preciso despertar, viviendo la relación personal con Cristo; Él es nuestra fortaleza, nos cuida, aunque nosotros no nos lleguemos a dar cuenta.
La inhabitación de Jesús en nuestro corazón supone vivir para Él; buscando sólo su voluntad y en un estado de continua acción de gracias. Sin olvidar nuestro pasado, pero mirando siempre hacia adelante y el destino eterno que Cristo nos ofrece; entonces sí damos un sentido trascendente y vivimos confiados.
Oración: Señor, auméntame la fe, haz que confíe siempre en Ti.
Contemplación:
Me olvido que soy tu elegido y trabajo para Ti…entonces tengo miedo.
«Yo estoy contigo siempre… ven a habitar en mi Corazón».
Quiero estar en tu amistad, sé el Capitán de mi vida.
Acción: Vivir en diálogo con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano