Lectura: “Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación»” (Mc 8, 11-13).
Meditación:
Los fariseos son un grupo judío religioso, muy observante de las leyes; por tanto, se creen con derecho y piden un signo, un milagro. Ven cómo obra y qué les dice Jesús, pero no les es suficiente, pues no tienen recta intención y les falta fe. Consecuencia de sus prácticas externas, sin corazón y su incredulidad, quieren algo espectacular… pero seguirán sin creer.
Nosotros también ponemos a prueba a Dios, le pedimos milagros y no reconocemos el amor constante que nos tiene, ignoramos su presencia en nuestro corazón. Jesús nos pide confianza y la mirada de la fe. Él nos ama gratuitamente, no porque seamos buenos.
Jesús nos ofrece su amistad sin ponernos condiciones, es gratuita. Sólo en la medida que le reconocemos, nos descubrimos queridos, amados, elegidos; buscamos corresponder comprometidamente, poniéndole en el centro de nuestro corazón. El “Tú” de Cristo nos ayuda a vivir el “Yo” íntimo o personal.
Oración: Señor, ayúdame a corresponder a tu amor.
Contemplación:
Llevado por el racionalismo y la desconfianza, vivo para mí mismo, en la tristeza.
«Yo doy la vida por ti; deseo tu amistad».
Quiero vivir sólo para Ti; me amas y compartes lo íntimo de tu Corazón.
Acción: Confiar en Cristo, sin exigir nada.
Hno. Javier Lázaro sc.
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