Lectura: “Decía también a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: -Va a caer un aguacero-, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: -Va a hacer bochorno-, y sucede. Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?»» (Lc 12, 54-56).
Meditación:
La libertad, es después de la vida, el don más grande que nos ha dado Dios. Para realizar la libertad plenamente necesitamos un primer paso discernir el bien que estamos llamados a vivir de acuerdo a nuestra grandeza y dignidad de ser hijos del Padre. El discernimiento supone reflexión, lucidez y determinación para vivir el bien que se nos presenta.
Con frecuencia no podemos elegir el bien, aunque sea una evidencia, porque nuestro corazón está embotado por el deseo poder, placer, fama, dinero…. Necesitamos una clara decisión de vivir con todas sus consecuencias: la verdad y el bien. Que nos llevan a la alegría y de la que tiene sed nuestro corazón.
A nuestro alrededor se dan acontecimientos que no son por buena o mala suerte; es Dios quien dispone todo providencialmente para nuestro bien. Aun, en lo que parece negativo, necesitamos discernir o descubrir qué nos quiere comunicar el Espíritu.
Oración: ¡Señor ayúdame a discernir tu voluntad y a seguirla!
Contemplación:
Las cosas no ocurren por casualidad, tengo que salir de la superficialidad.
«Yo todo lo dispongo para tu bien, escucha mi voz… ven habitar mi Corazón».
Quiero ver tu Luz y seguir tu Camino.
Acción: Reflexionar y agradecer la providencia divina.
Hno. Javier Lázaro sc.
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