Lectura: “Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna». «Señor, le dijo la mujer, dame de esa…»”. (Jn 4, 13-15)
Meditación:
Jesús está hablando con la samaritana, que tiene el trabajo de buscar agua todos los días en un pozo. Esto está simbolizando las veces que buscamos las compensaciones afectivas, que nos esclavizan y siempre nos hacen sentir vacíos; buscamos novedades, pero nuestro corazón tiene sed de Dios.
Sólo en el encuentro personal con Cristo encontramos el sentido de nuestra vida. En este caso Jesús, rompe el protocolo y Él pide el agua a la samaritana; tiene sed de nuestra amistad. En la medida que abrimos el corazón Él nos llena del agua viva, de vida espiritual, de comunión con el Espíritu, que nos colma de gozo.
Entonces, por la alegría profunda que vivimos, también somos mensajeros de la Buena Noticia para los demás. Es preciso que despertemos en nuestro corazón el deseo de Dios, que nos abramos a su gracia divina, dándonos a conocer tal como somos.
Oración: Señor, dame el agua viva de tu Corazón.
Contemplación:
Busco ser feliz, pero en lugares equivocados… necesito cambiar el chip…
«Yo Soy el agua viva; te lleno de gozo interior y te convierto en un manantial…».
Quiero vivir para Ti, ordena mis afectos…
Acción: Abrirme totalmente a Cristo y dejar que obre.
Hno. Javier Lázaro sc.
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