Lectura: “¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames, a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!” (Lc 6, 22-23).
Meditación:
Estamos llamados a identificarnos con Cristo; si a Él le persiguen y crucifican por decir la Verdad y anunciar su Reino, nosotros es necesario que recorramos este mismo Camino. Sin buscar el martirio, no debemos acomodarnos a la realidad social. Por el mismo hecho de ir contracorriente, ya muchos no nos van a toleran.
Según la grandeza de nuestra dignidad, que somos imagen de Dios, nuestra forma de proceder, para muchos es una denuncia. Nunca debemos renunciar a nuestros principios, que se basan en la ley eterna. Pero es preciso estar preparados para vivir incomprendidos, ridiculizados por nuestra forma de pensar y vivir.
La coherencia de vida tiene como fruto la paz y la alegría interior. Sólo necesitamos confiar en la ayuda de la gracia divina. El Espíritu nos da la fortaleza en cada momento para seguir adelante y responder a cada uno con lo que necesita.
Oración: ¡Señor, dame fortaleza para seguirte con coherencia y determinación!
Contemplación:
Tengo la tentación de vivir acomodándome a lo que hacen todos…
«Yo Soy el Camino, confía, yo te lleno de paz y alegría interior».
Quiero seguirte, aunque no me entiendan. Tú me sostienes.
Acción: Poner la mirada solo en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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