Lectura: “Le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»)…” ( Mc 7, 32-34).
Meditación:
Jesús en cada signo que realiza hace presentes al Padre (mirando al cielo) y al Espíritu Santo (suspiró). Nunca actúa sólo. Las tres personas de la Trinidad son comunión; cada una busca la gloria de las otras dos. Jesús expresa la unidad. Dios nos hace a su Imagen, por eso también estamos llamados a vivir en comunión con Dios y el prójimo.
La sordera y la mudez, son signo de muerte, pues nos aíslan de los demás, nos incomunican. ¡Qué pasa en la familia o comunidad cuando no hablamos! Jesús cura a este sordo y casi mudo, pero lo lleva al silencio, al encuentro personal.
Jesús es cercano, toca con sus manos y le toca con su saliva, hace del enfermo un nuevo ser. Esta persona seguramente estaba dominada por el mal espíritu, pero Jesús tiene todo el poder y manda que se abra el oído y que hable.
Oración: Señor, dame la gracia de expresar tu grandeza.
Contemplación:
Me cierro sobre mí mismo… busco el individualismo…voy hacia la muerte.
«Yo Soy la Palabra, abre tu corazón, … deseo darte Vida y alegría».
Ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Acción: Vivir en comunicación y comunión con los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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