Lectura: “La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. «¿Qué quieres?»… «No saben lo que piden» respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?». «Podemos», le respondieron”. (Mt 20, 20-22)
Meditación:
La madre de Juan y Santiago, pide que sus hijos estén en los primeros puestos. Pero Jesús les advierte que, en su Reino, los primeros puestos son para los que se hacen servidores de los otros, asumen las dificultades con confianza, cargan con su cruz, se identifican con Cristo, asumen su voluntad, buscan amar a todos llegando incluso al perdón a los enemigos.
El cáliz representa el conjunto de sufrimientos, por los que Cristo da la vida por nuestro amor. Es la copa que nos da Vida y tiende puentes de amistad y fraternidad. Nosotros bebemos de su Cáliz, le entregamos todas las contrariedades que asumimos por seguirlo y además participamos de su gloria, viviendo en su amistad siempre fiel.
Podemos seguir a Cristo, pero apoyados en su gracia. Sólo con nuestros voluntarismos no llegamos a nada. Si precisamos corresponder con decisión a su gracia. En Jesús encontramos la fuerza para superar las dificultades y vivir en la alegría.
Oración: Señor, dame la gracia de unir mis dificultades a tu Cruz.
Contemplación:
Busco que los otros me reconozcan y siempre estoy en déficit afectivo…
«Yo Soy tu servidor, te invito a seguirme haciendo de tu vida una entrega total».
Te entrego todo, sólo soy tuyo.
Acción: Asumir las dificultades unido a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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