Lectura: “«Dos hombres subieron al Templo para orar… El fariseo, de pie, oraba así: -Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres…-. En cambio, el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: -¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!-»». (Lc 18, 10-13)
Meditación:
Dios nos ha creado a su imagen y semejanza; además, Cristo se ha hecho Hombre, se ha convertido en nuestra única referencia, sólo necesitamos mirarlo a Él para llegar a la plenitud.
De los dos hombres que van a hacer oración, el fariseo se compara con los demás; su ideal es ser mejor que los otros; sólo confía en sus fuerzas…aunque dice que habla con Dios, no cree en Él. El publicano, que se sabe pecador, sólo fija su mirada en Dios, porque confía en Él; es el referente absoluto de su vida, cree en su amor y perdón.
El pecador, que no confía en sus fuerzas, queda santificado, vive la amistad y el abrazo del Padre. El fariseo vive de la autosuficiencia, se queda en la soledad, siempre en lucha. En la amistad con Jesús alcanzamos la semejanza con Dios.
Oración: ¡Señor, dame la humildad que me lleve a confiar en tu Amor!
Contemplación:
Me comparo con los otros y quedo en la insatisfacción constante…
«Yo Soy el Camino; ven a mi Corazón, te recibo como eres».
Quiero vivir en tu Amistad y entregarme a Ti.
Acción: Mirar a Cristo y confiar.
Hno. Javier Lázaro sc.
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