Lectura: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura …y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro… y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado”. (Lc 16, 19-22)
Meditación:
El rico se siente muy seguro de sí mismo, entonces no ve a los que están a su alrededor. Con sus bienes puede hacer lo que quiera, pero pensando que es preciso ordenarlos al bien de los demás. Sólo la pobreza espiritual nos permite orientar el corazón hacia Dios y descubrir a los otros como hermanos.
Lázaro es herido por el rico por su indiferencia, cuando ignora que está a su puerta; los perros no pueden suplir la necesidad de la mirada compasiva que necesitamos de los otros. Escuchar a quien tiene necesidad de expresar su dolor, ya es una forma de ayudar a sanar.
Los dos mueren, pero su destino es diferente; del rico no conocemos su nombre, pues vivía para sí mismo. Sólo cuando vivimos para los demás ejercitamos adecuadamente la libertad y estamos atentos a la llamada que Dios nos hace al corazón
Oración: Señor dame la mirada de la caridad que me permita ver al hermano.
Contemplación:
Soy eficiente en mis cosas y me creo autosuficiente.
«Yo te llamo a servirme en los otros… despierta tu mirada compasiva».
Quiero vivir para los demás, orientando mi corazón hacia Ti.
Acción: Escuchar a los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano