Lectura: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!». (Lc 14,13-14).
Meditación:
En nuestra sociedad de consumo estamos habituados a actuar según el costo-beneficio que nos reporta o el cómo nos vamos a sentir. Pero en el seguimiento de Cristo todo nos habla de gratuidad, de entrega total, de acoger al otro tal como es, de servicio como forma de amar, de compasión, y fidelidad… valores que nos vinculan con los otros como hermanos y nos abren el sentido espiritual que nos lleva a lo eterno y sublime.
Es posible que haya personas cercanas que no se sienten amadas porque nos falta: la mirada cariñosa y afable, la escucha atenta y comprometida, interés por sus preocupaciones y problemas, que los despertemos a la esperanza y la confianza en sí mismos…
Es preciso postergar gustos e intereses y ver a los otros como hermanos, llamados todos a participar en el Banquete Celestial. Paulatinamente necesitamos educar el corazón para sentir la paz que nos regala el Espíritu cuando nos hace acreedores de la amistad y la libertad de hacer el bien.
Oración: Señor, dame la mirada de la fe, que me ayude a darme y servir.
Contemplación:
Con facilidad califico a los otros … y vivo dividido interiormente…
«Yo necesito que me ayudes en los pobres y pequeños…».
Quiero vivir servir gratuitamente en tu Nombre…
Acción: Estar atento a quien me necesita.
Hno. Javier Lázaro sc.
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