Lectura: “Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes»”. (Lc 22,19-20)
Meditación:
Hasta la venida de Jesús la antigua alianza se sellaba (firmaba) con la sangre de algún animal; constantemente había que hacer sacrificios. Ahora, Cristo sella la Alianza con su propia Sangre y de una vez para siempre. Es el Único que nos purifica y nos da la Vida eternamente.
En la última cena Jesús anticipa lo que va a vivir en la Cruz y nosotros celebramos en cada Misa, nos da a comer su Cuerpo y nos da a beber su Sangre. Cristo en cada Eucaristía vuelve a morir y resucitar, en forma incruenta por nuestro amor.
Así en forma continua Jesucristo se ofrece al Padre y el Padre se da al Hijo resucitándole. Al comer su Cuerpo nos diviniza y nos injerta en su Cuerpo, nos lleva al Padre y nos infunde el Espíritu Santo. Necesitamos alimentarnos del Cuerpo de Cristo, para vivir el desposorio con Él.
Oración: Señor, dame tu Cuerpo y Sangre, acoge mi corazón.
Contemplación:
Me ofreces tu Vida Divina, te unes a mí para siempre.
«Yo Soy el Pan de Vida, quiero que seamos una sola carne».
Te recibo en mi corazón y a Ti me entrego.
Acción: Vivir la Eucaristía como entrega continua.
Hno. Javier Lázaro sc.
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