Lectura: “Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes”. (Mt 10, 11-13)
Meditación:
Jesús nos llama y nos envía a extender su Reino, que es: bondad, verdad, perdón, alegría, solidaridad… Pero Cristo los sintetiza en el don de la paz. Que es comunión, encuentro, entrega, unión, confianza… Va más allá de la ausencia de discordias… Es una profunda amistad fundada en Cristo.
Como elegidos de Dios, recibimos este don, que lo vivimos por la fe, la esperanza y caridad; nos sabemos y sentimos desbordados por el cuidado amoroso del Espíritu, aún en medio de las dificultades. La paz es el vínculo de unidad en la familia-comunidad, que facilita todas las relaciones humanas. Cuando más lo llevamos a los demás, más nos llenamos.
Supone un cultivo de la dimensión afectiva; donde podemos darnos, entregarnos, servir con caridad, sin gastarnos. Nuestra paz es Cristo; Él es la fuente que llena todo nuestro ser. Su Amor embellece nuestro corazón.
Oración: Señor dame tu paz y haz que sea tu mensajero en el mundo.
Contemplación:
Necesito preparar mi corazón para recibir tu Paz; quiero darla a los demás…
«Yo Soy tu Paz. Te lleno de vida interior…».
Quiero vivir en comunión contigo y los hermanos, ser tuyo.
Acción: Llevar la paz a los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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