Lectura: “«¡Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros!». Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados. Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta… Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? (Lc 17, 13-17).
Meditación:
Jesús cura a diez leprosos, pero cuando se ven sanados, sólo uno vuelve a darle gracias. Todos somos leprosos en el corazón por el pecado; necesitamos sanación y el único remedio es la compasión de Cristo; acercarnos y dejar que nos abrace con sus entrañas de misericordia, confiando plenamente en Él.
Nuestra tarea principal es el agradecimiento y la alabanza a Dios por sabernos elegidos y amados. Sólo, en la medida que cantamos la bondad de Dios en nuestra vida hacemos consciente el regalo que hemos recibido. No podemos callar lo que da sentido a nuestra vida. Los otros necesitan ver nuestra alegría de pertenecer a Cristo.
Jesús acoge todas nuestras miserias y volvemos a Él con un corazón nuevo, con el deseo de corresponder a su amor. En la medida que vivimos en esta comunión vivenciamos nuestra grandeza y el destino eterno al que nos llama.
Oración: Señor, dame un corazón agradecido, que te alabe siempre.
Contemplación:
Me siento herido… pero no veo la vida que recibo en cada instante porque no sé agradecer.
«Yo Soy la Vida… acojo y sano todas tus heridas».
Quiero ejercitar mi corazón en la alabanza a Dios.
Acción: Dar gracias a Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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