Lectura: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto… Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino…”. (Lc 10, 30-34)
Meditación:
Jesús nos invita a ponernos en cada uno de los personajes; algunas veces podemos ser: asaltante con mi forma de expresarme, el maltratado o herido, alguno de los que pasan, el samaritano que se detiene, el burro que carga con el enfermo, el posadero que recibe al herido… Qué tengo de cada uno.
El samaritano, aunque tiene el plan del día, lo cambia, para detenerse frente al herido, lo mira compasivamente, deja que su corazón se conmueva… Se deja afectar por su prójimo, genera en su interior una actitud de fraternidad y de ayuda…recibe del Espíritu la gracia de ayudar y se determina a actuar.
Al acercarse, percibe la herida interior y las de la piel; las lava y cura, con el aceite de la escucha y el vino de la esperanza que lleva a la alegría. Al hacerse cargo del otro lo hace su hermano.
Oración: Señor, dame un corazón compasivo, que genere fraternidad
Contemplación:
Veo el dolor de otros, pero no me complico… sigo… pierdo la capacidad de amar, de darme.
«Yo te recibo en mi Corazón y te sano».
Quiero ser compasivo, mirar y escuchar al otro.
Acción: Dejar mis planes, para ayudar.
Hno. Javier Lázaro sc.
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