Lectura: “El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”. (Jn 14, 24-26)
Meditación:
Hay una vinculación entre amar y guardar la Palabra. Cuando no tenemos en cuenta lo que dice alguien, es un indicador de que no valoramos a esa persona. Esto es más evidente cuando se trata de la Palabra de Dios, pues en la Escritura se nos comunica la Vida divina por el Espíritu Santo.
Jesús ama al Padre, por eso también nos transmite su Palabra. Tal vez no la entendemos plenamente ahora, pues nuestra razón es limitada y el corazón puede estar cerrado. Pero en la medida que rumiamos la Palabra, nos va iluminando el camino, nos permite elegir su voluntad.
El Espíritu Santo siempre viene en nuestra ayuda y nos hace comprender la Palabra según lo que necesitamos en cada momento; el fuego de su amor nos impulsa a vivir en comunión, a reconocer la paz y la alegría espiritual.
Oración: Señor, dame un corazón dócil que guarde tu Palabra.
Contemplación:
Me llega información de todas partes… pero todo está vacío. Sólo deseo escuchar tu Palabra.
«Yo Soy la Palabra de Vida… sana los corazones y enseña a discernir…».
Quiero rumiar tu Palabra, ven Espíritu Santo…
Acción: Escuchar y orar con la Palabra.
Hno. Javier Lázaro sc.
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