Lectura: “«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Jesús, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado»” (Mc 9, 36-37).
Meditación:
Los discípulos vienen discutiendo por el camino “quién es el más importante”, pero Jesús les responde con una sentencia, el más grande es el que se hace servidor de los demás, pues tiene la libertad de darse, de amar.
Jesús nos pide ser servidores de los más pequeños o vulnerables; de aquellos que no nos pueden agradecer, los niños. Jesús habita en los corazones inocentes, limpios… en los que no hay ninguna doble intención. El servicio a los más débiles nos abre los ojos para ver lo importante o espiritual.
En el bien que hacemos a los niños servimos a Cristo y al Padre. Los niños nos bendicen, nos llevan a vivir la comunión entre nosotros y con Dios. Los niños con su pureza de corazón nos hacen vivir el Reino de Dios.
Oración: Señor, dame un corazón limpio y comprometido.
Contemplación:
Busco acercarme a los poderosos, a los que tienen posibilidades…buscando compensaciones… No vivo desde el corazón…
«Yo me entrego a ti, para que experimentes la gratuidad de mi amor…».
Quiero darme sin esperar nada, ayúdame a salir de mí.
Acción: No buscar compensaciones de los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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